Todo concluye al fin. Luego de seis días de elevada humedad, entrada de viento marítimo y formación constante de nubes, llegó el momento en que la atmósfera ya no pudo soportar la situación. No hizo falta que pasara un frente frío para activar las tormentas; bastó con que subieran un par de grados más las temperaturas gracias a la orientación del viento hacia el noreste. En este instante, un nuevo centro de baja presión está en plena formación, generando en su génesis tormentas de variada intensidad y lluvias abundantes sobre todo el centro y sur de Buenos Aires. Sobre el jueves y el viernes, no se puede comentar nada diferente de lo descripto en el post anterior. Reinaron la humedad, la neblina, el cielo nublado con eventuales lloviznas y el viento moderado o regular del este. Las temperaturas, en su estancamiento, consiguieron aumentar levemente. Fue este el factor determinante para el colapso de la atmósfera súper húmeda.
Lo que viene será responsabilidad del ya citado centro de baja presión. En su proceso de formación, irá rotando sobre sí mismo, arrastrando a su paso el aire. Por ello, ya está soplando viento fuerte del sur en el norte de la Patagonia, y en esta ciudad tendremos viento regular del oeste durante la tarde del sábado. Sin embargo, no esperamos nada demasiado grave. Luego, a medida que se aleje, llegará un poco de aire más seco y templado, teniendo en cuenta que no habrá recambio de aire. Esta es la razón por la cual el próximo domingo va a ser un día de primavera, con una máxima de alrededor de 21°C. Luego, sí, tendrá paso un frente que hará descender el termómetro como corresponde. Hasta entonces, y luego de una noche tormentosa, aprovechemos un regalo del invierno que está en sus últimas.
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