Claramente los pronósticos del tiempo no son cartas del futuro, ni guías exactas, ni manuales de lo que va a suceder. Son, fundamentalmente, un recurso para tener una idea de cómo manejarse con respecto a las variables meteorológicas de los días por venir. Ahora, ¿qué pasaría si todos los pronósticos tuvieran, efectivamente, la precisión absoluta de lo que va a ocurrir? Sin dudas, los meteorólogos serían tomados por palabra santa. Por otra parte, cualquier cosa que se anticipara debería cumplirse, lo cual podría, en ocasiones, ser tremendo. Si cada pronóstico fuera exacto, ya sabríamos qué es lo que nos espera en esta semana. El viernes tendríamos (guiándonos por una previsión de una conocida página de internet) una mínima de 25°C y una máxima de 41°C. Esto es lo que se estuvo barajando. La realidad, cada tanto, bate récords; este verano viene teniendo algunos picos de calor históricos. Los pronósticos, a veces, van más allá de lo que se puede imaginar posible.
Difícil es creer en una ciudad con 41 grados, cuando en dos días consecutivos de enero, no superamos los 21. El viento del sur ayer, y el del este hoy, hicieron de este un fin de semana distinto, más bien fresco y para aprovechar de otras maneras. El centro de alta presión que, lentamente, está atravesando el centro del país, va a seguir teniendo protagonismo al menos durante tres días, en los que es esperable que el viento pase a soplar desde el norte y, en consecuencia, vuelva el calor. En la Patagonia, por ejemplo, ya están en la etapa del calor: en Trelew superaron los 40°C, con una humedad casi nula. Mientras, aquí, el lunes va a presentarse muy agradable, pero no aún caliente. Albricias.
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