Siendo la hora 1:29 del primero de mayo, podemos decir oficialmente que abril quedó en la historia. El cuarto mes, tradicionalmente asociado con el tiempo estable, con tendencia al frío matinal y al aire seco, está tomando año a año un cariz más turbio, trayendo consigo numerosos episodios de mal tiempo. No olvidemos que hace un par de años, en abril se registraron tornados en Buenos Aires; y el año anterior, las inundaciones de La Plata se dieron en estas fechas. Esta vez, la lluvia abundó sobremanera, y en el Litoral, miles de personas sufrieron el desborde incontrolable de los ríos. Por último, abril nos trajo una auténtica ola de frío en el sentido estadístico de la palabra. Cinco días prácticamente seguidos (con uno de 15°C en el medio) con máximas de alrededor de 12°C sólo son comunes en junio o julio; en esta parte del año, eso es un despropósito. Pero pasó, y se notó mucho. Un segundo pulso de aire polar llegó el viernes, acompañado de algunas lloviznas aisladas y de un cielo plomizo. Justamente, la nubosidad baja abundante es hoy por hoy el factor que determina que las temperaturas no consigan subir demasiado por la tarde, teniendo un techo alrededor de los 12°C. A la vez, el efecto invernadero que generan las nubes impide que haga más frío del debido por la noche. Por eso, estamos inmersos en un estancamiento térmico que nos favorece a la noche y nos perjudica a la tarde.
Lo que viene es una tregua breve, suficiente para que el día del trabajador pueda ser debidamente honorado. El viento del noroeste resurgirá tras toda una semana de circulación del sur, permitiendo al termómetro alcanzar los 17°C, un valor que, después de estos fríos, se valora mucho. Atención, porque un tercer pulso de aire polar va a llegar entre el lunes y el martes, determinando más días fríos tipo invierno prematuro. Sobre el final de la semana esperamos que se recomponga la situación de la temperatura, aunque claramente la probabilidad de volver a tener días templados es mínima.
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