Listo, traeme la cuenta. Hace varios posteos que en este blog se viene hablando de la tendencia de este mes a contener condiciones del tiempo que marquen una diferencia, que se destaquen especialmente. Por ello, en este mes hubieron dos olas de frío, la mayor presión atmosférica, la mínima absoluta del año, la menor máxima diaria y además, nieve. Sin embargo, y como si todo ello no fuera suficiente, llegó la otra cara de la misma moneda. El centro de alta presión que produjera aquellas heladas, cambió de posición y permitió la llegada de un aire que estaba contenido en alguna parte de Sudamérica. A través de una potente invasión de viento del noroeste, la humedad bajó notoriamente (al punto de haber bruma y polvo en Mar del Plata) y el termómetro se disparó cual viento zonda en versión marplatense. Por ello, la máxima alcanzó este jueves los 29°C, la segunda más alta de la historia para agosto; la primera, 29,9°C, fue hace cuatro años. Cualquier relación con el cambio climático, no es casual.
Lo que no parece hallar una explicación clara es por qué se pronostica un descenso de las marcas si no hay frente frío que parezca acercarse. Creo que, debido a la llegada de nubes desde el sur y al relajamiento del viento del noroeste, vamos a tener temperaturas altas pero más normales tanto este viernes como el fin de semana. El buen tiempo se va a ver opacado nada más que por cielos bastante nublados; las chances de lluvia no parecen ser relevantes. La semana que viene volverá la normalidad; talvez de la mano del mes de septiembre. Porque este agosto, ya lo sabemos, ha querido ser raro.
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