Ocho días consecutivos y prácticamente ininterrumpidos con viento del este, que no cesó de estancar temperaturas e inyectar humedad al aire continental. Cinco jornadas de cielo nublado, salvo por un recreo de un par de horas, con neblinas e incluso nieblas en cualquier momento del día. Precipitaciones que fueron y vinieron y nunca llegaron a tratarse de algo definitivo. Todo tiene un final, nada puede escapar, dice una canción, y esto se aplica también al tiempo meteorológico. Bueno, el final es inminente. El centro de alta presión responsable de estas condiciones, que han llegado a inundar algunas provincias (se destaca Neuquén, donde llovió como casi nunca en la historia), se aleja, lenta pero inexorablemente. El temita es que lo empuja un centro de baja, que en estos momentos se halla sobre el centro del país. El mismo viene aparejado a aire frío en altura, que combinado con la humedad total que cubre la zona genera una línea de tormentas que está llegando a las ciudades más grandes. Dicha línea no sólo implica lluvias muy copiosas en poco tiempo; también incluye ráfagas de viento de temporal, actividad eléctrica feroz y granizo en forma localizada. Todo esto se va a estar dando durante las próximas cuatro horas, desde Mar del Plata, hasta el centro de Santa Fe.
Aquí sigue arreciando el viento del noreste, atraído por la dinámica del sistema que nos está por dejar una lluvia con altas chances de anegamiento de calles. Pasada esta noche agitada, fatídica y que espero que no genere consecuencias graves, el cambio será inevitable. Este día va a tener presión bajísima, lo que va a implicar viento fuerte del norte rotando al noroeste. Sin embargo, hasta que se instale el aire más fresco y seco, vamos a tener algo de templadez por la tarde. Luego, viene una secuencia de días con viento del oeste, de a ratos regular, capaz de secar el aire y de anticiparnos un fin de semana con temperaturas cuasi-invernales. Abril está con tutti.
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