Pim, pam, pum, se termina la primavera. Estos tres meses dieron tema de conversación constantemente. Se destacan, quizás, las precipitaciones por encima de lo normal en gran parte del territorio nacional. Los últimos días de la estación no son ajenos a lo que se viene viviendo desde septiembre. Luego de un fin de semana fresco y poco jugado meteorológicamente, tuvimos un lunes de mañana agradable y tarde nublada, súbitamente gris y con viento regular del este. Una tarde mediocre, en la que sentir calor o frío dependía de sacarse o ponerse el abrigo. Lo que terminó generando el viento fue una inyección de humedad que hoy se notó especialmente en la temperatura mínima elevada y en la histeria atmosférica, expresada en chaparrones y tormentas que se alternaron con ratos de sol durante varias horas. Ninguna de las lluvias fue cuantiosa. Por otra parte, la máxima alcanzó los 28°C, impulsada por una corriente del noroeste que se desactivó en la tarde, cuando la brisa marina hizo nuevamente su aparición. Esta inestabilidad es muy propia de estos tiempos, en los que la atmósfera no sabe bien para dónde disparar ante el exceso de energía que el sol entrega.
Lo que veremos en los próximos días es poco normal. Mañana pasará un débil frente frío que no trae detrás un recambio de aire; en todo caso, bajará la humedad, pero las temperaturas se van a mantener templadas. Ya el jueves, con el cambio del viento al norte y por la tarde al este, tendremos un día cálido pero que planea derivar en tormentas convectivas. El viernes, lo que esperamos es peor (o mejor, según cómo se lo mire). Rotará el viento al noroeste, aumentará su intensidad notoriamente y llenará de aire seco y sobrecalentado a la ciudad, con lo que tendremos una máxima superior a los 34°C. Desde luego, esto se va a pagar, nos guste o no, con algun episodio tormentoso. Así estamos, la primavera se va con tutti.
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