Entre las características más destacadas de la primavera, sobre todo de sus primeros dos meses, aparece la alta variabilidad meteorológica entre un día y otro. Incluso también entre la mañana y la tarde. En verano, los días en términos generales mantienen líneas, que se rompen abruptamente con los frentes y las tormentas. En invierno, es normal tener largas seguidillas de días más o menos iguales; aún cuando hay cambios en las masas de aire, el frío es más o menos el mismo y no se distingue demasiado. En esta época, la tendencia es otra. La atmósfera comienza a verse cargada de energía desbordante, que se traduce en aumentos marcados de temperatura. Pero el frío sigue dando vueltas, lo que explica los violentos descensos que se dan, a veces, entre un día y otro. Así, el viernes la máxima fue de 9,2°C, con nevadas aisladas que tomaron estado mediático, además de marcar todo un hito para el mes de septiembre. El sábado, con la circulación del oeste aún fuerte, el sol se hizo presente, y ya pasamos a 16,5°C por la tarde, sin problemas de continuidad. Y hoy domingo, tras una mañana fría, el mediodía registró una máxima por arriba de los 18 grados. Sin embargo, una rotación del viento al sur es la causa de que, cerca de la medianoche, rondemos los 3°C. El aire seco es responsable, también, de los contrastes notables que observamos.
Las variaciones van a seguir durante la semana. Mañana, la amplitud térmica será polémica; el frío que va a hacer bien temprano nada va a tener que ver con una tarde plenamente primaveral. El martes, otro frente va a hacer su paso, de modo que habrá un marcado descenso térmico desde la tarde. Luego, el miércoles será un día de invierno puro, el jueves uno primaveral, y el viernes, otra vez, un festival de abrigos. A ver quién sobrevive a esta semana sin resfriarse.
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