Al momento de evaluar la precisión de los pronósticos, uno de los errores más comunes es el de no acertar con las temperaturas mínimas o máximas. Se estima que, si se vaticinan 20 grados, si hacen entre 18,5 y 21,5, se puede considerar aprobada la previsión, para dar un margen de error racional; después de todo, la meteorología no es futurología. Algo que pasa muy habitualmente en primavera y en verano es que el pronóstico se queda corto con la máxima: los días suelen venir más cálidos y secos de lo que se esperaba, y termina pasando que hace más calor del previsto. Para no perder la costumbre de noticias desabridas, este enero ha tenido una cantidad curiosamente alta de días en los que el pronóstico se quedó largo, es decir, adelantó una máxima que quedó lejos de la realidad. Hoy mismo esperábamos 27°C; apenas arañamos los 24. Ayer, los 22°C estuvieron dos grados por debajo de lo avizorado. En ambas jornadas ocurrió, además, que las mínimas fueron más bajas de lo que se esperaba, lo cual evidentemente influyó a la mañana, momento del día por excelencia para el aumento de la temperatura. En las semanas anteriores encontraremos más ejemplos de esta situación, típica de las épocas en las que el clima se haya dominado por el efecto de El Niño. Otra señal de un mes que ha vuelto a desilusionar a propios y extraños.
La abundante nubosidad de ayer y de hoy también fueron causa para el no cumplimiento de los pronósticos de temperatura máxima. Mañana viernes, puede llegar a pasar lo contrario; esperamos que se despeje, y que el viento del norte de una vez pueda hacer crecer a la columna de mercurio de los termómetros. Tras un día cálido, vendrá un fin de semana con paso de frente incluido; el sábado, entonces estará templado, y el domingo más tirando a fresco, como para ir a tomar mate con un abriguito.
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