Una característica típica de los veranos en los que domina el tiempo seco es la variabilidad en las temperaturas. No sólo suele haber una marcada amplitud térmica diaria; también hay bruscos cambios de un día para el otro. En primavera, esto es muy frecuente; en verano, no lo es tanto, debido a que el tiempo se ordena un poco más, aun con las particularidades propias del tiempo cálido. Este diciembre es parte del equipo de los meses relativamente secos. Las mínimas están dentro del promedio normal; las máximas, un par de grados arriba. El viento del noroeste no tiene piedad, y apenas puede soplar un poco, los termómetros se disparan. Esto se ha observado con asiduidad en los últimos 28 días. Este miércoles la máxima superó los 34 grados; el martes, el valor pico había sido de 24,6ºC. La diferencia estuvo en la dirección del viento; el sol que brilló hoy no estaba más caliente que el de ayer. Pareciera que la atmósfera no estuviera comportándose mesuradamente en estos días.
Y para cerrar un 2016 candente y agitado, el tiempo quiso estar a tono, y lo que se nos viene es una sucesión de días calurosos. No hablamos de ola de calor porque el tiempo va a seguir seco, de forma que durante las noches habrá refresques relativos. Pero durante las tardes, las máximas van a rondar los 33 a 35 grados, salvo alguna brisa marina que nos haga el favor de aliviarnos. Hacia el fin de semana, la situación se va a enturbiar, de forma que nuevamente estaremos en vilo; el asado de fin de año está en peligro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario