Vivimos en un viernes que es por sí solo un alivio divino. Poco me importa que errara el pronóstico del SMF: la temperatura apenas superó, por un rato, los 28 grados. Tras los 36 de térmica de ayer, hoy fue un día bonito. Más aún: nublado y con viento del este. Húmedo, sí, pero la perfección no existe. Lo curioso (o talvez sea normal) es que el aire parece no haber cambiado del todo, pero sí ser menos caliente que ayer: en toda la zona no se registraron elevadas temperaturas. Las precipitaciones siguieron dándose en el oeste y centro de la provincia. En el norte, el calor ni se enteró de la situación en Buenos Aires.
Mañana, entonces, no voy a esperar temperaturas por encima de las de hoy, debido a que aparentemente la lluvia se va a generalizar. Hace mucho tiempo que no hay un día lluvioso con todas las letras; esta parece ser la chance para que eso ocurra. Pero, sin duda, será pesado; al menos marcará el cambio: el domingo ya volverá el viento del sur a traer sequedad y racionalidad a este febrero subido de tono.
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