Abril, la época donde termina de morir el verano y todo lo que éste connota, donde se hace inevitable la dura realidad del frío y el viento, donde las nubes reflejan la cercanía creciente del ciclo más oscuro de la vida. Al mismo tiempo, es bello, con sus soles radiantes que esporádicamente inundan el cielo y sus accesos cálidos que reconfortan corazones. Adoro esta especie de contradicción, que es en realidad la metáfora de la vida misma.
Y tras un fin de semana con tres días casi calcados por su parecido, donde dominaron los cielos sin nubes, el viento del norte y las temperaturas agradables, llegó un frente frío no muy fuerte pero que logró alterar el orden. El viento del sur se hizo sentir, tanto soplando como determinando 18 grados de máxima. Lo que no hubo fueron lluvias.
Y lo que viene tiene que ver con nubes, de esas que llegan desde el norte, las que se forman por interacción de aire frío del Pacífico con aire caliente del centro y norte de Argentina. Estas nubes podrían precipitar ya desde la tarde-noche del martes en MdP. Antes, tiempo agradable y digno de ser vivido. Como este abril recién iniciado.
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