jueves, 5 de abril de 2012

La paz después de la guerra

No imaginaba tales consecuencias de las tormentas producidas el miércoles a la tarde y la noche. Ni por asomo preví muertes, mucho menos la cantidad de ellas. La violencia de los temporales resultó ser mayor de lo que se ha visto en mucho tiempo en la Capital y el Conurbano; me consuela pensar que si tal fenómeno se hubiera dado en verano pleno, las consecuencias hubieran podido ser terribles debido a la magnitud de los hechos. Prefiero, de todos modos, lamentar lo ocurrido que suponer lo que podría haber pasado. Desde acá, aunque sea superficial y parezca demagógico, mi solidaridad moral con las víctimas, y mi oración por los que han sido llevados por la tormenta.
Lo bueno es que pasó, y lejos de complicar la situación, el jueves se mostró fresco, soleado y seco en gran parte del país. En Mar del Plata, algunas nubes chaparroneras cubrieron el cielo (hasta cayó una casi imperceptible llovizna hacia el mediodía). El viento del oeste se afianzó y permitió mantener un bajo contenido de vapor de agua en el ambiente, lo cual alivia a quienes no congraciamos con la humedad.
Y el viernes santo intensificará lo visto en este jueves ídem. Más nubes, más fresco (o parecido), más inestabilidad, más intensidad del viento. El otoño/invierno se abatirá una vez más sobre la costa. Mientras, en las zonas afectadas por los temporales, las cosas seguirán relativamente apacibles. Una buena.

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