Si bien cada uno tiene su opinión, creo que afirmar que estos son los peores días del año no está tan lejos de lo que piensa la mayor parte de los argentinos. Es que el fin de febrero es también la inminencia de marzo, que es claramente el inicio oficial del año intenso, en el trabajo, el estudio y otras actividades más placenteras pero que llevan tiempo y energía. A mí cuando era chico no me gustaba saber que me quedaba sin vacaciones; hoy, aunque los tiempos sean distintos, me sigo disgustando al pensar que se viene el tercer mes. Pero también es la peor época para los amantes del verano: el otoño es inminente. Obviamente, de acá hasta los primeros días de abril pueden existir, y existirán, días de calor, playa y felicidad... pero el verano es otra cosa, el verano es TODOS los días de calor, playa y felicidad. A partir de marzo, no, porque hay que ir a la escuela, a trabajar, etc. En este año, el cambio viene siendo radical. De repente, una especie de lógica otoñal copó las variables meteorológicas: fresco por la tarde, frío por la mañana, tiempo lindo, a veces ventoso, hojas caídas en el suelo... Que me desmientan en todo caso, pero me parece que muchos aborrecen la llegada de marzo.
Esa estructura propia del otoño se mantendrá hasta nuevo aviso, encima. El SMN ya emitió un contundente informe especial sobre el paso de un centro de bajísima presión que hará del próximo otro fin de semana agitado, tanto por la lluvia, como por el viento fuerte y el aire fresco. Previamente, el jueves, día bonito, pero parcialmente nublado y con cierta inherente alusión a lo que serán sus subsiguientes horas de mal tiempo. La máxima será la más alta desde el sábado: 21°C. Feliz retorno del pulóver para todos.
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