jueves, 28 de noviembre de 2013

El instante justo

  Muchas veces, el devenir del tiempo meteorológico se vive y observa a través de una computadora. La mayor parte de los datos no pueden ser corroborados con la sola experiencia; ¿cómo podría una persona, sin instrumento alguno, saber cuál es la presión atmosférica, por ejemplo? Por ello, las páginas que publican datos del tiempo son un recurso valiosísimo para quienes intentamos predecir las variables. Al mismo tiempo, todos vivimos permanentemente afectados por la situación meteorológica... sobre todo si llueve, no llueve, hace calor o frío. Cada tanto, además, presenciamos con el cuerpo algún evento particular, como una tormenta de verano en la playa, por ejemplo. Esta tarde de jueves tuve la ocasión de estar al aire libre en un momento curioso. Esta es la cronología:
12:00. Aire seco y templado, viento regular del noroeste, cielo despejado
13:00. Calor, viento y alguna nubecilla
14:00. Cielo parcialmente nublado, 27°C, viento rafagoso
14:30. Muchas nubes, algunas grandes y oscuras, todavía cálido
14:35. Rotundo y repentino cambio del viento al sudoeste, temperatura que desciende tres o cuatro grados de golpe, pequeña oscuridad a raíz de las nubes
14:50. Chaparrón casi imperceptible
15:30. Viento regular del sudoeste, cielo algo nublado, 21°C
Etcétera. Independientemente de la precisión de los horarios, el punto es que, en cinco minutos, hubo un cambio radical en el estado del tiempo, y pude sentirlo literalmente en la piel. Por estas cosas, la meteorología me parece fascinante.
  La teoría lo explica: pasó un frente frío. Luego de un miércoles fresco y con algunas lluvias, el calor duró un par de horas, y ahora volvemos al aire otoñal. Este viernes va a estar súper agradable, pero para buzo. No obstante, luego vendrá un fin de semana cargado, con altas temperaturas, inestabilidad, tendencia fuerte a la tormenta convectiva y, sobre todo, imprevisibilidad feroz. A prepararse para ver pronósticos errados.

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