El verano se está evaporando lentamente. Tras la ola de calor que se vivió en el centro del país durante la segunda quincena de febrero, una masa de aire más normal fue el disparo al pecho que necesitaba la estación cálida para agonizar. Desde entonces, nunca volvió a hacer calor en el sentido más profundo de la palabra; la máxima temperatura alcanzada fue la de ayer, de 26,6ºC, que encima no se sintió mucho debido al viento y la baja humedad. El otoño decidió firmemente arremeter, sin necesidad de ostentar días demasiado frescos, pero instalando subrepticiamente el clima propio de sí. Ayer hubo viento del sur por la tarde, de modo que el aire cálido no duró mucho. Ya hoy a la mañana hacían 9ºC otra vez, y el viento del este-noreste impidió al termómetro zarparse. Por eso, aunque brillara el sol, un abrigo liviano era necesario.
Se viene algo un poco más interesante. Este miércoles va a estar llegando otro frente; se va a manifestar el recambio de aire en la formación de nubes capaces de precipitar, sobre todo al final de la tarde. No serán lluvias relevantes. En cambio, a partir del cambio del viento al sur, empezará a entrar aire más fresco, que entre jueves y viernes va a ser la justificación de las máximas que no van a superar los 19ºC. Durante el fin de semana, la cosa va a estar un poco mejor, pero las temperaturas van a tardar en repuntar.
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