Despedimos a la acompañante de estos últimos cuatro días: la ola de frío. Sé que la mayor parte de la gente no quisiera volver a verla, ni por asomo; hipócritas, son los primeros en quejarse del calor cuando éste abraza y abrasa a quien lo sienta. Se retira dejando una noche fría de domingo, un domingo marcado por el cansancio (o la resaca, según el caso).
Pero las noticias, sin embargo, son buenas para los detractores del frío exagerado: mañana volvemos a la normalidad (si se puede decir que Mar del Plata es una ciudad normal desde el punto de vista del clima). Un centrazo de baja presión se mete por entre los Andes para generar una nueva fábrica de nubes; la oferta en el centro del país será muy alta durante la semana. Como complemento, también abundará el viento continental, lo que va a redundar en aumento constante de temperaturas en todo el país. No se crean que esto significa que el frío ya pasó: el invierno todavía no empieza, y se las trae. No se puede esquivar el dolor cuando éste es parte ineludible de la vida; si se lo disfraza, se comete un acto de falsedad. Por eso, a no guardar camperas, bufandas y guantes, porque estarán a la orden del día de acá a cuatro meses.
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