Entre las sensaciones negativas que despierta la época fría, se encuentra una que no suele ser la primera en la que se piensa al invocar los aspectos oscuros del ser humano. El vacío, esa impresión de que hay algo que falta, cuya ausencia impide la alegría y la felicidad, no es ajeno a la vida: muchas veces uno tiende a sentirse de esta forma. Por supuesto, en la naturaleza esto se ve reflejado; este jueves es de alguna forma la metáfora meteorológica de la incompletud. Un día nublado, gris aunque blanco, sin nada que destaque su existir, sin sol pero sin lluvia, con algo de viento pero poco, con humedad pero sin neblinas densas. Pudiera hablarse también de indiferencia, pero creo que el vacío es mejor al referirse psicológicamente al día que se termina.
Desconozco con exactitud cuál es el sentimiento que dominará los días que vienen; sin duda se mantendrán en esta línea infeliz pero no necesariamente triste. El frío, que nunca se fue del todo, demostrará que ya se mandó mudar a Argentina y que falta menos de una semana para el invierno. Mientras, nosotros acá, buscando algo que le de sal (o azúcar) a nuestros días insípidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario