Principios de junio. El mes tan infame llegó; protagonista de la peor tragedia emocional del argentino promedio (al menos metafóricamente). La oscuridad se abate a través no sólo de los días más cortos del año, sino también en las temperaturas que alcanzan su piso anual. La culminación de esta situación se da el día 21, cuando el invierno quede oficialmente inaugurado y no haya motivos meteorológicos para ser feliz.
Pero no le alcanza a este junio aparecer en sí mismo con lo que eso implica. Ya desde el viernes, las temperaturas máximas se ubicaron entre las más bajas del año, además de la lluvia que comenzó a caer por la tarde. Pero ayer, en Mar del Plata, tras darse una mañana con mucha luz solar, llegaron las nubes más radicales del invierno puro, el mismo que más que la tristeza es imagen de la depresión y la autodestrucción. Evitando las imágenes, comento que el viento del oeste tuvo su mayor registro desde que el SMF existe: 51 km/h, sin hablar de ráfagas. A eso hay que sumarle una llovizna tremendamente errática y una temperatura de alrededor de 10°C. Un falso temporal con todas las letras.
El domingo, en cambio, apareció más calmado, pero lo mismo frío sin tapujos. Pero, e insisto, a este junio le gusta ver sufrir a sus víctimas inevitables. Y si no, a prepararse para una ola de frío tal que ya rondan los pronósticos de nieve. Y la sensación térmica será noticia en la semana por su negatividad. Hay que pasar el invierno, sí, pero antes debe terminar este otoño, tan cruel como pasajero.
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