La estación con mejor fama se caracteriza por su notoria imprevisibilidad. En verano o invierno es más fácil: hace calor o frío siempre, no hay muchas vueltas. En otoño también suelen darse dificultades, pero al irse reduciendo la inestabilidad de la atmósfera, los pronósticos aciertan con mayor frecuencia. Pero en la primavera, que está próxima a dar su inicio, las posibilidades de pegar una son más limitadas. Esto se debe a que el aire entra en una locura de susceptibilidad e inestabilidad muy grosa. La paulatina acción in crescendo del sol, junto con el aporte casi permanente de los vientos del norte, hacen que las temperaturas y humedades comiencen a tomar un cariz más agradable, pero también más peligroso. De hecho, son famosas las tormentas de noviembre, que hacen bajar la temperatura por mucho en poco tiempo. Un poco esto es lo que sufren este fin de semana los pronósticos. Tanto el del SMF como otros profesionales, han pifiado groso, tanto ayer como hoy, en cuanto a prever lluvias, mínimas, máximas y estados del cielo. Un pronóstico tiene veracidad garantizada: predecir seguirá siendo dificultoso.
Pero al menos durante los próximos días, el panorama es más claro: nublado, viento del sudeste y lluvias. Si bien no me atrevo a hablar de una sudestada en el sentido estricto, debido a que las lluvias abundantes no estarían presentes todo el tiempo, por lo menos se vivirá una situación de tal palo. Otra vez habrá termómetros estancados, y quejas de la sociedad. Pero el invierno se despide, y quiere hacerlo como le gusta: haciendo infeliz a la mayoría.
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