Se termina. Muchos festejarán este viernes el principio de la primavera, que esconde la algarabía por el fin del invierno, estación históricamente asociada a la tristeza, el dolor y las dificultades que la vida presenta. En cambio, la primavera representa el amor, la alegría, el color y las ganas de vivir. En mi opinión, son falacias culturales: la primavera, como ya iré desarrollando, y como se verá en los próximos tres meses, es violenta, inestable e impredecible. Pero igualmente, este invierno, que será recordado por la combinación de una etapa anormalmente fría (ni olvido ni perdón a los días con -6°C en MdP) con otra anormalmente lluviosa (que se sintió sobre todo en el centro de la provincia más grande), quiere retirarse en su autenticidad plena. Lo ha hecho con una sudestada que todavía deja complicaciones a quienes viven cerca del Río de la Plata. Dato curioso: no ha habido otro fenómeno de estas características en todo el año, cuando generalmente se dan tres o cuatro por invierno. Pero en particular ésta, se hizo sentir, con ráfagas de temporal fuerte, y velocidades constantes de hasta 70 km/h en algunas zonas.
El 20 de septiembre, fecha que tiene su propia calle en Mar del Plata, será escenario de un día sumamente activo. Como suele pasar con los días donde la presión es baja (como por estas horas), va a haber varias cosas para observar, tales como el viento regular del oeste, la posibilidad de aparición de nubes chaparroneras, la notoria amplitud térmica (muy propia de meses como abril y mayo) y la humedad elevada por la mañana y baja por la tarde. Para cerrar el invierno, un típico día de otoño. Pero empieza la primavera... qué matete, ¿no?
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