Primero de septiembre. Pocos meses del año tienen tan buena fama como éste, marco del inicio de la primavera, tanto del calendario como de las temperaturas. Particularmente, es un mes que me hace poca gracia, pero no dejo de reconocer que a la mayoría le agrada particularmente. Si de esperanza se trata, con respecto al final del invierno, este sábado ha sido paradigmático. La máxima fue la más alta no recuerdo desde cuándo (talvez desde mayo), con 23°C. Aparte, sol y viento agradable. Sólo me voy a quejar de que nuevamente el SMF erró feo con el pronóstico de la mínima (al igual que en casi toda la semana), señal que también delata la tendencia primaveral en ascenso.
Sin embargo, se incurriría en un error si se pensara que el frío se ha ido. De hecho, sería un error grosero; bastará este domingo para ver que todavía quedan abrigos que portar. La semana, que será la última del SMF publicado a través de la cuenta personal de su creador (o sea, yo), será más parecida a las de agosto que a una de primavera. Va a estar movidita, como para no aburrirse mucho, afortunadamente.
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