En muchas ocasiones desde este sitio he tratado de humanizar la meteorología a través de señalar con estados de ánimo las condiciones del tiempo. Al hablar de lluvia, la vinculé con la tristeza; al cielo despejado, con la alegría de poder salir al aire libre. Pero estos días, el de hoy, el de mañana, y muchos otros que durante la vida se multiplican, me merecen el adjetivo de aburridos. Estos días promedio, que no se juegan por nada, en los que hace frío pero no tanto, hace calorcito pero poco, hay viento leve para no enojar a quienes disfrutan de mantener sus peinados, me dan pocas ganas de llevar adelante la vida. Quienes somos apasionados de la meteorología somos felices al ver viento, tormentas, lluvias, fríos o calores fuera de época, presiones muy bajas o muy altas; en fin, nos gusta que el tiempo se la juegue de alguna forma; no toleramos la mediocridad climática. Nada más mediocre que un día como este martes, lindo sin dudas, pero totalmente soso a mi parecer. El que pueda, que me entienda; el que no, quédese con que el día estuvo lindo y listo.
No tengo mucho para agregar. Lo más osado que puede ocurrir este miércoles santo es una niebla que dure un par de horas. De viento, ni hablemos. Las temperaturas, sacadas de un manual básico. La presión atmosférica, en el colmo del promedio. Para mí, va a ser un día embolante; para la gente normal, un día divino para salir a tomar aire.
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