Martes 29 de octubre. El tiempo pasa volando mientras uno vive su vida. El otro tiempo, el que es protagonista de este sitio, sigue mostrando la normalidad de estar en primavera. Dicha estación se manifiesta de maneras múltiples. El lunes tuvo buen tiempo, pero se nubló y llovió algo hacia la noche; la mínima había sido fría pero el viento logró hacer al termómetro superar los 21°C. Tras una madrugada nublada y con algunas otras precipitaciones, el martes mantuvo alta la humedad, lo que sumado a muchas nubes impidió que la temperatura superara los valores del día anterior. Otro dato no menor fue el viento del este: su influencia estancó extrañamente las marcas, que entre las 11 y las 18 fluctuaron de forma irregular, entre los 16 y 19 grados, variando prácticamente sin lógica evidente. Pero lo que importa es que los centros de presión se han dispuesto de tal manera que el viento del mar ya ha comenzado a actuar.
Lo que se viene para los próximos días justifica el título de este posteo. A medida que avance la semana y se acerque el fin de la misma, iremos viendo cómo se intensifican la humedad, el aire pesado, la nubosidad y la velocidad del viento marino. Además, está prevista la llegada de aire frío en altura hacia el viernes, lo que inevitablemente va a conducir a la formación de un centrazo de baja presión. Dicho sistema va a implicar básicamente dos cosas: mucha lluvia y todavía más viento. Este proceso de mal tiempo será, para colmo de males, extendido durante dos o tres días. Así que será mejor aprovechar las horas de sol que el miércoles piensa regalarnos, antes de clausurar la fábrica de buen tiempo por algunos días. La situación actual es, entonces, similar a la de una persona que ingresa a una calle que no parece tener más que una salida posible.
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