Una nueva semana de invierno se inicia. El lunes, que es el día menos popular, llega a su fin. Pasamos un fin de semana paupérrimo en materia meteorológica: todo lo que tuviera que ver con planes al aire libre no pudo ser disfrutado. Tras las lluvias del sábado, que dejaron alrededor de 15 milímetros de agua, vino un domingo súper invernal, con todos los chiches necesarios para tener un día horrible. Frío, viento, lloviznas y humedad. Sin embargo, el factor eje de todo este proceso de mal tiempo, como siempre, pasó desapercibido: la presión atmosférica. Al formarse un ciclón (centro de baja presión), las consecuencias sobre la velocidad del viento eran esperables; así tuvimos una mañana de domingo con viento del norte de hasta 48 km/h y una noche con viento del oeste de hasta 40 km/h, sin hablar de ráfagas. La presión más baja que se registró fue de 992.2 hPa, durante la tarde del domingo. Pero para entender lo anormal de este valor, basta ver que, a esta hora de la medianoche, ya superamos los 1027 hPa. Es como pasar del invierno al verano de golpe, sin escalas. Por eso hoy hace más frío y el viento ya no se destaca. Este verdadero ascensor, que tan rápido como bajó, subió después, es propio del invierno pleno, donde por lo general dominan las presiones altas, intercaladas por procesos como el que nos arruinó el asado del domingo.
Durante los días de esta semana, la presión va a ser bastante alta. Ergo, esperamos neblinas, heladas matinales, cielos con pocas nubes o ninguna y viento que primero va a llegar desde el noroeste y más tarde irá cambiando al sur. Sobre el final de la semana tendremos otro proceso de mal tiempo, aunque distinto al que pasamos. Este va a incluir lluvias, viento relativamente fuerte y temperaturas por encima de lo normal. Vayamos de a poco: mañana martes, lindo.
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