9 de julio de 2014. Día histórico para el país, en primer lugar porque hace 198 años que somos una nación política y soberanamente independiente. Pero quedará en el imaginario popular esta fecha en particular por el suceso futbolístico de público conocimiento. El tiempo del día, y la connotación de la fecha, favorecieron las reuniones familiares, caseras, acompañadas del tradicional locro, chocolate, tortas y pastelitos. Tras un martes frío a pesar del viento del norte, llegó este miércoles insulso, gris y aburrido. Humedad, nubes abundantes, poco viento (del sudeste, encima) y temperaturas frías pero no extremas fueron escenario. La presión atmosférica se mantuvo bien en alto, como la bandera argentina ante el mundo. Pero nada de esto fue impedimento para los miles de fanáticos que quisieron celebrar el paso a una final de Mundial tras 24 años de sequía en este aspecto. La alegría popular se sobrepuso definitivamente al invierno, amargo y hostil. Este fue un día en el que el clima de la estación fue ignorado; la sociedad vive una primavera radiante que, esperemos, llegue a ser verano feliz el próximo domingo.
Lamento tener que informar que aunque seamos campeones, no cambiamos de época del año mágicamente. Mañana jueves tendremos una jornada húmeda, con viento marino, nubes y temperaturas frías pero con tendencia a cierto estancamiento. Luego, a medida que vaya rotando el viento al norte, veremos cómo irá aumentando la humedad y también la temperatura, lo cual va a derivar en ciertos procesos de mal tiempo durante el fin de semana y la semana que viene. Porque al no cambiar el aire por lo menos hasta el próximo martes, antes estaremos saturados de cielos plomizos con facilidad para la lluvia. Pero a quién le importa, si Argentina es campeón, ¿no?
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