Que desde hace un par de meses que las temperaturas promedio están por encima de lo normal, ya no es noticia. Que el verano estricto, es decir, enero y febrero, tuvo tiempo mediocre, y marzo, espectacular, tampoco es novedad. Lo llamativo es que, ya bien entrado el otoño, y estando más cerca del 21 de junio que del verano, los procesos del tiempo siguen marcando una fuerte tendencia a las presiones altas y persistentes. Los efectos son los que ya hemos visto varias veces: sucesiones de días soleados, con viento del norte o noroeste, aumento sostenido de la temperatura y, lo que más sorprende al ciudadano de a pie, que no parece que estamos en otoño. En mayo, cuatro o cinco días consecutivos con máximas por arriba de los 21°C no deberían dejar de llamarnos la atención. Pareciera que sigue rondando el espíritu de un marzo y de un abril calientes.
Esta situación se va a mantener inalterable hasta el domingo. Luego, sin que esté previsto un descenso considerable en el termómetro, va a llegar un período de inestabilidad que va a durar unos cuantos días. No obstante, como no va a pasar ningún frente hasta dentro de una semana, las lluvias en todo caso se van a estancar, en un contexto pesado y templado. Por lo pronto, viene bien un fin de semana agradable. Pero, si después hay que pagarlo, no nos sorprendamos.
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