El verano marplatense no siempre es una anarquía atmosférica en la que uno nunca puede estar seguro de lo que va a pasar. Si bien muchos se asombran de la imprevisibilidad del tiempo, también es verdad que en numerosos casos se puede estimar el comportamiento de las variables en el futuro. Por ejemplo, no hace falta ser muy ducho para intuir que ante un calor y una humedad insufribles, una tormenta está queriendo formarse. Y más en un verano como este, donde la presión tiende a ser baja y la lluvia a hacerse presente en modo copioso. Ayer lunes tuvimos un día radiante de sol, con 23,8°C de máxima, amortiguada por el constante viento del este. Mientras tanto, en el resto del centro y norte del país, y también en gran parte de la Patagonia, el aire caluroso seguía haciendo estragos. Hoy no zafamos: alcanzamos la máxima de 32°C, con sensación térmica que llegó a los 36°C, a causa de la humedad del aire que no cedió ni ante el sol abrasador. Recién sobre el final de la tarde la brisa marina alivió el termómetro, pero hasta ahí; la noche se presenta caliente y pesada, ya nublada, esperando que llegue una tormenta escandalosa, que es el momento que le falta a la fórmula del verano para repetirse una vez más.
Mientras en el sudoeste y el centro de la provincia ha llovido, y sigue lloviendo, abundantemente, nosotros los de la costa esperamos que algo de eso se manifieste sobre nuestras cabezas. La línea de tormentas que está avanzando es propiciada por un débil frente, que bastará para que el jueves el aire se refresque ligeramente, antes de un cambio un poco más notable. Previamente, el miércoles tendrá calor hasta las primeras horas de la tarde, cuando el viento del sur ayude a amainar el bochorno.
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