Día histórico en Argentina. Nuevamente el pueblo sale a la calle a quejarse, como lo hiciera hace casi dos meses, por el defasaje climático. ¿A quién le puede parecer natural que en un jueves de noviembre la temperatura alcance los 32°C en Mar del Plata? Peor, en las ciudades no costeras, la situación es lisa y llanamente de ola de calor desde el martes. En este sentido, me parece lo más normal que amplios sectores de la sufrida sociedad argentina salgan a la calle a pedir lluvia, fresco y aparición con vida no del invierno, pero al menos de la primavera, que ha vendido un par de días al verano, cuando éste aún está lejano en el calendario. Expreso mi apoyo: yo también he sufrido los avatares del tiempo anacrónico.
Lo que se pronostica vendrá muy bien a los manifestantes. Las tormentas, llenas de furia y violencia naturales, ya han penetrado en la provincia de Buenos Aires; el caldo de cultivo está armadito para que se pudra todo. Pero no va a durar mucho el agua; pronto volverá la primavera más light, la de los largos días radiantes, pero no precisamente templados. Festejen, caceroleros: la solución llega pronto.
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