No tenía siquiera pensado escribir hoy un post, debido que este viernes venía pasando sin pena ni gloria, con buen tiempo pero nada especialmente destacable o que valiera las palabras contar. Pero alrededor de las 22, salí al patio de mi casa y vi en el cielo una avanzada de nubes, de colores y formas por sí solos extraños e infrecuentes. Se trataba de una tormenta nocturna, que combinó colores rosados, morados y negros en la noche de este día. Nunca me imaginé que podría haber una tormenta, teniendo en cuenta que no hizo calor, que no hubo gran humedad y que no estaba pronosticado. Pero sí, así fue, y una vez más la naturaleza, y particularmente noviembre, demostraron que tienen conejos en la galera. Incluso no me parece arriesgado clasificar de irreal u onírico este comportamiento meteorológico; está claro que la ciencia es demasiado formal para la realidad de la naturaleza cambiante y sorpresiva.
Pero alguna explicación hay, y tiene que ver con que el sábado estará marcado por el aire fresco y el viento del sur. De algún modo, hay otro frente frío, sutil pero a la vez contundente, que ha traído esta tormenta surreal y prepara un día propio de mayo. Esto es la primavera también; esto es lo que me gusta de la primavera, y de Mar del Plata, por supuesto.
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