Cuando se supo que el verano estaría marcado por el fenómeno de El Niño, creímos que las tormentas serían moneda corriente. Pensamos que el calor se vería limitado numerosas veces por la inestabilidad del aire. Si bien es prontísimo para sacar conclusiones, los primeros seis días de la nueva estación demuestran que el pronóstico debe, como mínimo, ponerse en cuestión. Atravesamos un período de ola de calor, que en la costa nos afecta puntualmente en lo elevadas de las máximas de los últimos días. El viernes: 33,2°C; el sábado: 34,5°C; este domingo: 36,9°C, la más alta del año, ubicándose entre las mayores del siglo. Las mínimas, hasta acá, fueron altas, pero no tanto como para impedir el descanso nocturno, afortunadamente. La atmósfera y su disposición de presiones no tienen piedad para quienes no pueden internarse en la playa en estos días. El viento del norte no cede, siquiera un rato, para refrescar al menos las tardes.
A las doce de la noche, la temperatura era de 24,4°C, un valor que no va a dejar dormir a muchos. Ciertamente, la medianoche está divina para tomar algo en la costa; no tanto para quien trabaja desde temprano. El lunes será sofocante. Tras una tormenta convectiva de mucho desarrollo y poca precipitación, se esperaba un refresque que no llegó. De modo que hoy volveremos a tocar los 36 o 37 grados. El martes, otro día insufrible, más húmedo y por lo tanto tortuosamente caluroso. Sobre el final del mismo, se va a acercar el ansiado frente frío capaz de poner punto final a este suplicio. Luego de ello, se instalará una situación de alta presión de verano: viento constante del este, alta humedad, neblinas matinales, cielos con nubes y temperaturas templadas, con mínimas elevadas.
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