El tiempo meteorológico, por supuesto, que es el que más me interesa. Cuando era chico, pensaba que siempre para esta época, entre el 15 y el 19 de enero, tenía que haber alguna tormenta de esas en las que mucha agua cae; lo asociaba con dos fechas de cumpleaños familiares que se suceden en estos días. Contaba incluso con la seguridad de que estas lluvias iban a existir, sin dudar en ningún momento de mi pronóstico. La realidad casi siempre estuvo a mi favor; no es extraño que en cuatro o cinco días de pleno enero llueva por lo menos una vez. En el 2013, las condiciones puedo decir que me han vuelto a favorecer en mi temprana intuición climática. Ha sido el caso de tormenta de verano generada tras cierto no aguantar más de la naturaleza; luego de horas de calor, días de alta humedad y energía muy concentrada, tuvo que sobrevenir la convección para equlibrar el aire. Esta tarde pudo con lentitud y tiempo la formación de la célula tormentosa, y contemplar, como el suicida observa la altura antes de saltar, lo que trágicamente estaba por suceder en cualquier momento. Cuando el aire está al borde del abismo, se cae.
Pero a no engañarse, porque no hay frente frío detrás de la situación de hoy. El alivio llega recién el miércoles a la noche, prácticamente siendo ya jueves. Antes, las temperaturas, humedades y sensaciones térmicas van a seguir con su fiestita de excesos. Luego del agotamiento, se renovará el aire, viniendo un período de varios días frescos o templados, con sol, con presión bastante alta para ser verano, y demás efectos colaterales. Este miércoles va a hacer calor; no está bien claro cuándo volverá a pasar lo mismo otra vez.
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