Hay una línea que limita las impresiones que dejan los fenómenos meteorológicos. Quienes somos apasionados de esta ciencia admiramos todo tipo de sucesos anormales, extraordinarios y que demuestran el poder y la capacidad de la naturaleza. Pero el límite del que hablo, es concreto y cualquiera puede apreciarlo: es la frontera a partir de la cual mucha gente comienza a sufrir a causa del fenómeno en cuestión. Lo ocurrido en La Plata rompió todo tipo de límite acerca del fanatismo meteorológico; superando a lo pasado horas antes en Buenos Aires, terminó de afirmar la fatalidad excesiva de esta sudestada maldita. Cayeron oficialmente 181 milímetros de agua en siete horas, según reporteó el SMN en la capital bonaerense; otras mediciones extraoficiales hablan de mayor cantidad de lluvia. Los números por sí solos hablan de la magnitud extrema de un fenómeno que antes era inimaginable. Pero más hablan las imágenes, los testimonios, las historias de miles de personas que lloran sus pérdidas, desde las materiales hasta las de sus seres queridos. Me gusta cuando hay tormentas que dejan exponer sus virtudes de poderío; detesto y aborrezco aquellas que derivan en desastres humanos y deseo que no existan.
En cuanto a la actividad de los hombres al respecto, quiero dejar de lado por hoy, sólo por hoy, las actitudes de los diversos gobiernos involucrados. Pero también hay que destacar la enorme tela solidaria que se ha tejido espontáneamente, de la mano de ONGs, organizaciones políticas y gente común dispuesta a aportar su grano de arena para suavizar el padecer de otros. Esto es lo que más me gusta de los argentinos, nuestra capacidad para estar presentes cuando nuestros hermanos la pasan mal. La buena noticia que puedo brindar es que el sistema productor de esta catástrofe ya está alejándose por el Atlántico; incluso en Mar del Plata ha dejado de lloviznar y ha amainado el viento del este. Este jueves habrá tiempo húmedo pero mejor que antes, con tendencia a ir mejorando lentamente, para traer un día viernes más seco y bonito. Toda la fuerza del SMF, para los afectados.
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