Cuando se habla de que Mar del Plata tiene un clima especial, particular, único o por lo menos diferente al del resto de la provincia, no se miente. Las características geográficas de la zona (puntualmente, la cercanía con el mar y la presencia de sierras al noroeste de la ciudad) posibilitan que tengamos comportamientos climáticos distintos. Esto no está sólo en los libros o en los números: a lo largo del año se dan cientos de ejemplos que demuestran la idea. Así, por ejemplo, en verano, por las tardes suele cambiar el viento al este, mientras que en el resto de la provincia eso no pasa; la consecuencia es que llegan a haber temperaturas 10 grados menores en la costa que a 100 km de ella. En invierno, por poner otro caso típico, se dan chaparrones costeros cuando hay viento del sudoeste, lo cual no ocurre en general en zonas de campo. En esta semana, se ha evidenciado otro ejemplo de esto. Mientras que gran parte del país está sufriendo la sequía producto del efecto de La Niña que a partir de este año está influyendo, en MdP llueve más de lo que habitualmente lo hace. El lunes hubo lluvias; los pronósticos auguran nuevas durante tres de los próximos siete días. Por estas cosas, mi ciudad es la más hermosa del mundo.
Por otro lado, ha hecho frío. Si bien no hubieron heladas ni temperaturas especialmente bajas, sí las tardes estuvieron ásperas. El martes, con buen tiempo; el miércoles, con cielo nublado y viento del este que hace varias horas que invade la zona. Este jueves, en medio de un aire húmedo y fresquísimo, va a llover un poco, no demasiado. Luego del paso de estas nubes inestables, volverán a subir las temperaturas, probablemente por sobre lo normal para septiembre. O talvez no: el microclima puede volver a operar.
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