No, no estoy desvariando ni mis calendarios están adelantados. Ocurre que desde el punto de vista climático, la estación más sobrevalorada del año comienza junto con el mes de septiembre. La explicación es evidente: a medida que se alargan los días, llega mayor energía del sol, lo que deriva en más altas temperaturas. A esta altura del año, la estructura climática del invierno está desvencijada y empezamos a vivir algo distinto. Obviamente, el avance de la primavera es paulatino; hasta noviembre por lo menos van a seguir los días fríos o frescos, intercalados por cada vez más tardes templadas e incluso cálidas. Pero antes de adelantarnos, recordemos cómo ha venido el tiempo. El domingo mantuvo la exagerada volatilidad que traía la semana pasada: entre las 11 y las 16, las marcas variaron entre tres y seis grados por hora, subiendo al principio y bajando después. El cielo se despejó un rato, pero al toque volvió a nublarse; el viento, leve, pasó de venir del noroeste a provenir desde el mar. Luego de ese menjunje meteorológico, vino un lunes mucho más estable en su inestabilidad lluviosa y gris. Poca amplitud térmica, viento tranquilo y claro y alta humedad. El día se ha cerrado con el inicio del ingreso de otra masa de aire.
Así es: volvemos a tener entre nosotros una célula de aire frío. Sin embargo, no se pueden esperar valores polares; al menos, sí los correspondientes a lo que se conoce como invierno. El martes promete viento regular del sur, chaparrones y frío. Luego, el miércoles va a tener heladas, muchas nubes, viento del este -señal de la primavera- y de nuevo aire apto para el uso de abrigo abundante. Pero igual, festejen quienes adoran la "estación del amor".
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