El verano, como sabemos, está cercano a su final. El otoño está, de a poco, sin prisa ni pausa, dejando señales que evidencian su inminente comienzo. Para que no olvidemos su esencia, la estación más cálida nos regala momentos muy propios de sí misma. Ayer viernes, luego de una mañana decididamente fría, el sol y el viento del noroeste ejercieron su influencia, y pasado el mediodía tuvimos 25,5°C de máxima. Ok, no es tanto, pero bastó para disfrutar del aire libre; hacia la noche, hubo una débil tormenta convectiva, que no generó lluvias, mas sí varias horas de relámpagos sobre el sudeste bonaerense. Hoy sábado, el tiempo se radicalizó con respecto a su predecesor: hizo más calor, el viento fue un poco más fuerte y la presión bajó bastante. La máxima alcanzó los 28 grados y medio. Las playas nuevamente estuvieron colmadas, ahora de marplatenses necesitados de descansar y aprovechar los últimos calores de marzo. El verano no quiere irse sin antes dejarnos un recuerdo de lo que significa para nosotros.
Entramos ahora en un apartado de dos días con respecto al operativo despedida del verano. Ya está formada una línea de fuertes tormentas sobre La Pampa, avaladas por un frente frío que hacia la tarde estará cruzando la costa atlántica. Esperamos, sobre todo el centro-este del país, lluvias o tormentas más o menos fuertes; en Mar del Plata, no va a llover demasiado, pero sí lo suficiente como para querer quedarse durmiendo la siesta dominical. Luego, el lunes, el aire fresco va a dominar la escena; las temperaturas no llegarían siquiera a los 20°C. Pero el martes, al cambiar nuevamente el viento, veremos al termómetro recuperar los valores propios del verano. Y el miércoles, tal como este día con respecto al viernes recientemente vivido, va a haber una radicalización de las variables. Así que el calor, en el otoño, se irá... no sin antes hacer esfuerzos por demostrar su existencia.
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