La predictibilidad de estos días es supina. Tras el sábado cálido que tuvimos, llegó la hora de pagar las cuentas. El domingo, día nublado y más bien fresco, trajo sobre el mediodía unas débiles lluvias, y sobre la tarde, una tormenta de moderada intensidad, pero que alcanzó para anegar por un rato algunas calles. Cayeron alrededor de 15 milímetros en 20 minutos, una cantidad de agua intolerable para el sistema de alcantarillas de la ciudad. Tras ese fugaz aguacero, el viento rotó inmediatamente al sudoeste, y el aire comenzó a secarse, y la temperatura a bajar con lentitud. Este lunes, nublado a parcialmente nublado, terminó de completar el ingreso del aire fresco. La máxima fue de 19,8°C; la mínima, registrada sobre el final del día, de 8,4°C. Todos estos procesos pudieron ser previstos con alta exactitud por parte no sólo del SMF, sino también de todos los pronósticos profesionales y aficionados. La razón es que este tipo de ciclos meteorológicos son básicos, se repiten constantemente y no suelen tener demasiadas diferencias. De hecho, cualquier persona que prestara un poco más de atención a algunos datos sabría pronosticar este tipo de momentos. Días que parecen que figuraran en una tabla de un libro que ya leímos muchas veces.
A lo que viene, para entenderlo, hay que agregarle un poco de amplitud térmica, y ya tenemos el manual de predicciones de los próximos días. Este martes, luego de una mañana fría, subirá vertiginosamente el termómetro, impulsado por una irrupción de viento del noroeste matinal. La máxima rondará los 26°C. El miércoles, el tiempo va a presentarse parecido, con aumento de todas las variables excepto la presión, que irá bajando. Luego, si bien no queda claro cuándo, sabemos que lloverá, entre el jueves y el viernes. Aparentemente tendríamos un centro de baja presión que nos va a causar algunos estragos con el viento. Ampliaremos.
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