Toda dieta tiene un día, o momento, en el cual se rompe el régimen alimentario y se sacian las ansiedades con la ingesta de algo poco light. A veces, los permitidos se desmadran y terminan siendo contraproducentes. En el caso del tiempo, podemos hacer una analogía, como hacemos siempre con los más diversos ribetes de la vida. Porque en este mes, en el que las temperaturas vienen siendo bastante permisivas con quienes no desean la llegada del invierno, también va a ser momento de cambiar la situación, tarde o temprano. Este martes, tras un lunes nublado y gris nuevamente, fue un día primaveral, con una máxima que superó los 21°C, sol y viento del oeste que proporcionó un poco de aire seco. Pues bien, no pareció esta tarde una propia del otoño medianamente avanzado que estamos viviendo. Pero, y acá viene la cuestión central, esto tiene fecha de vencimiento. De hecho, no llegaremos al fin de semana sin antes haber desempolvado nuevamente los abrigos más gruesos del placard.
Mañana miércoles va a ser la última cena antes de la condena al descenso de temperaturas. Se va a nublar por la tarde (con máxima rondando de nuevo los 21 grados), otra vez con precipitaciones que van a ser el preludio de un frente frío lo suficientemente potente como para que se desinstale definitivamente el aire húmedo y fresco/templado que cubre la zona central hace varios días. El jueves no vamos a superar los 15°C; el fin de semana volverán las heladas. Lo interesante es que después no vamos a recuperar, al menos durante los días venideros, los niveles térmicos que estamos manejando por ahora, lo cual indica que se viene el frío y tiene pensado quedarse. En algún punto, es lógico, hay que admitirlo. Pero cómo cuesta, ¿no?
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